📍 Tigre, Paseo Victorica 470, B1648 Tigre, Provincia de Buenos Aires
| lunes | 13:00–0:30 · martes: 13:00–0:30 · miércoles: 13:00–0:30 · jueves: 13:00–0:30 · viernes: 13:00–1:00 · sábado: 13:00–1:00 · domingo: 13:00–0:30 |
Osvaldo Cortellezzi y María se conocieron en el Club de Regatas La Marina, en el propio Tigre. Compartían la pasión por la cocina — ella con recetas de inspiración española, él con la tradición italiana de su familia — y esa afinidad los llevó primero a abrir una parrilla, “Chapaleo”, y después, a fines de los años setenta, a cambiar de rubro. El 24 de noviembre de 1979 inauguraron Vía Toscana, con el nombre tomado de la región de Abbiate Guazzone, el pueblo de origen del abuelo de Osvaldo (— LA NACION · 29-sep-2022). Casi medio siglo después la conducen sus hijos Laura y Diego, que crecieron literalmente en la heladería: “Mis amigas querían venir siempre a casa porque nos convidaban helados”, recuerda Laura sobre su infancia, antes de estudiar Letras y volcarse de lleno al oficio familiar junto a su hermano. El propio local, y no solo la nota periodística, confirma la historia: “Fundada en 1979, Via Toscana es una heladería familiar que conserva su fachada de casona tradicional y se mantiene fiel a la receta original creada por María y Osvaldo Cortellezi, padres de los actuales dueños, Laura y Diego”, escribe la clienta Daniela Olmi en una reseña de Google Maps independiente de cualquier prensa. No hay ninguna otra sucursal documentada bajo este nombre: es un negocio de local único, sin cadena ni franquicia detrás.
El cartel de la casa, fotografiado por los propios clientes, no deja margen de duda: “Heladería Vía Toscana — elaboración propia”. Osvaldo y María heredaron a sus hijos algo más que una receta: un cuaderno de puño y letra manchado de años de uso, que Laura todavía consulta (“Las recetas son las mismas desde que abrimos, no las modificamos”, contaba en 2022). Cada mañana los hermanos elaboran el helado del día y hacia el mediodía ya tienen lista la producción, con máquinas horizontales, leche y crema fresca, y cajones de fruta de estación. En un rincón de la cocina hay una paila de cobre histórica donde preparan a mano el praliné casero: azúcar, un poco de agua y, antes de que se forme el caramelo, almendras, nueces o pistachos, a fuego moderado y con movimientos envolventes. La carta, de más de 60 sabores repartidos entre cremas y frutales, mezcla lo clásico —dulce de leche, crema rusa, marrón glacé— con creaciones de autor nacidas de los viajes del matrimonio fundador: el “Bienmesabe” de las Islas Canarias (almendras trituradas, ralladura de limón, canela y miel), el “Cocktail Exotique” parisino de frutas ácidas, o el pistacho en homenaje a los antepasados italianos. El sabor insignia es el “Dulce de Leche Bariloche” con nueces, almendras y chocolate blanco, el preferido —contaba Laura— del artista Carlos Páez Vilaró, que se convirtió en un amigo de la casa y en 1987 les envió una carta desde París lamentando no encontrar “helados tan ricos como los de Vía Toscana”. El “Bombous” (crema de la casa, bizcochuelo de chocolate y dulce de leche repostero) y una reversión de “Selva Negra” completan el podio de pedidos, y Diego, el hermano mayor, sigue sumando sabores exóticos —palta, whisky, zanahoria con naranja, caipiriña— con uno de maní y miel en carpeta. Las reseñas de clientes confirman la variedad: “Pedimos 1/4 tres sabores, pistacho, magnolia cheesecake y naranja con zanahoria, riquísimo”, cuenta Micaela Carlavan en Google Maps. No todo es unánime: una reseña de 4 estrellas señala “un olor bastante extraño, como a humedad o plantas viejas” en el salón y la ausencia de baño público, un matiz que esta ficha no esconde.
Calidad del producto 90 Trayectoria 95 Identidad de marca 90 Presencia digital 55 Puntaje global: 92/100 → 3 bolas (Excelencia · 3 bolas). Pesos D-0005.
Evaluación independiente · HELADER-IA Public Rubric v1.4 + Editorial Pipeline v4 · GelatoMaps · Pagar no altera bolas ni ranking.