A 28 kilómetros al norte de Alicante, encajada entre la Sierra de la Carrasqueta y los campos de almendros de la Foia de Castalla, hay un pueblo que huele a almendra tostada y miel. Se llama Xixona —Jijona en castellano— y tiene menos de 7.000 habitantes. Pero de aquí han salido más de 2.000 familias heladeras que, cada primavera durante generaciones, han cargado sus mantecadoras y sus recetas y han partido a abrir heladerías por toda España y media Europa.

Esta es su historia. No un resumen de Wikipedia ni una guía de turismo al uso. Es la historia documentada de un pueblo que inventó un modelo económico único en el mundo: turrón en invierno, helado en verano. Y que, sin quererlo, acabó definiendo lo que hoy entendemos como heladería artesanal española.

Vista panorámica de Xixona (Jijona), municipio de Alicante, entre almendros y la Sierra de la Carrasqueta
Xixona vista desde el aire. El Castillo de la Torre Grossa corona el cerro sobre el casco urbano. Al fondo, la Sierra de la Carrasqueta, donde se conservan los pozos de nieve que hicieron posible la primera industria del helado. Foto: Xixona Turisme.

El turrón: seis siglos antes del helado

Para entender por qué Xixona se convirtió en capital del helado hay que retroceder mucho antes, hasta el turrón. La tradición turronera de Xixona es anterior al descubrimiento de América. La primera mención documentada del turrón jijonenco aparece en 1484, en un documento de la ciudad de Valencia. Medio siglo después, en 1531, las referencias son ya abundantes en los archivos municipales de la Corona de Aragón.

El origen del turrón tiene raíz árabe. La presencia de Al-Ándalus en estas tierras levantinas, entre los siglos VIII y XIII, dejó una cultura culinaria que combinaba frutos secos, miel y especias en elaboraciones que los historiadores consideran antecedentes directos del turrón tal como lo conocemos. La almendra marcona —cultivada en abundancia en los campos que rodean Xixona— y la miel de la sierra eran las materias primas. El oficio se transmitió de generación en generación, y para el siglo XVI los confiteros jijonencos ya tenían reputación en toda la Corona de Aragón.

En 1585, Francisco Martínez Montiño, cocinero del rey Felipe II, escribió en su libro Conduchos de Navidad una frase que retrata Xixona tal como era entonces: que en todas las casas del pueblo se olía a miel, porque el turrón se fabricaba en cada hogar. No era una industria. Era una forma de vida.

La IGP: el turrón de Xixona protegido por ley

El 18 de agosto de 1939, el Gremio de Turroneros de Jijona creó el Consejo Regulador de la Denominación Exclusiva del Turrón de Jijona, una de las primeras figuras de protección de origen alimentario en España. Su misión, entonces y ahora, es garantizar que cada pieza de turrón que lleve el nombre de Jijona o Alicante cumpla estrictamente los requisitos de elaboración, composición e ingredientes fijados en el reglamento.

En 1996, mediante la Orden de 22 de marzo de 1996 (BOE), se ratificó el Reglamento de las Denominaciones Específicas «Jijona» y «Turrón de Alicante» y su Consejo Regulador Común. La Unión Europea reconoció ambas como Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP), otorgándoles protección legal en todo el territorio comunitario.

La norma es clara: solo los turrones elaborados dentro del término municipal de Xixona, por empresas inscritas en el Consejo Regulador, pueden utilizar las denominaciones «Turrón de Jijona» y «Turrón de Alicante». Actualmente hay unas 22 empresas productoras registradas y más de 430 marcas comerciales amparadas por la IGP.

Los ingredientes están regulados al gramo. El Turrón de Jijona (blando) se elabora exclusivamente con almendra repelada y tostada, miel pura de abejas, azúcar y clara de huevo. Las materias primas deben proceder de las provincias de Alicante, Castellón o Valencia. Para la categoría Calidad Suprema (etiqueta Oro) se exige un mínimo del 64% de almendra y un 10% de miel pura. Para la Calidad Extra (etiqueta Plata), un mínimo del 50% de almendra y el mismo 10% de miel. El Turrón de Alicante (duro) se elabora con almendras enteras insertadas en una masa de jarabe caramelizado, recubierta de obleas.

En cifras de producción certificada, el Consejo Regulador ampara unos 2 millones de kg de Turrón de Jijona y cerca de 1,9 millones de kg de Turrón de Alicante al año, con una facturación conjunta de los productos protegidos que supera los 44,8 millones de euros. A eso hay que sumar la producción no amparada por la IGP y otros dulces, lo que lleva la facturación total de la industria turronera de Xixona por encima de los 145 millones de euros.

Fuente: Consejo Regulador IIGGPP Jijona y Turrón de Alicante · BOE Orden 22/03/1996 · Origen España

Los pozos de nieve: el eslabón perdido entre el turrón y el helado

Hay un dato que casi nunca se cuenta y que es fundamental para entender cómo un pueblo turronero se convirtió en pueblo heladero. En la Sierra de la Carrasqueta, que se eleva al norte de Xixona, existen desde al menos el siglo XV unas construcciones de piedra llamadas pozos de nieve o pous de neu. Eran depósitos subterráneos donde se almacenaba la nieve caída en invierno, compactada y aislada con paja, para venderla en verano como refrigerante.

Los jijonencos explotaron estos pozos durante siglos. El más conocido, el Pou del Surdo, ha sido restaurado por el Ayuntamiento y es visitable. La nieve almacenada en estos pozos se transportaba en carros hasta Alicante y otras poblaciones costeras para enfriar bebidas y conservar alimentos. Y fue precisamente el acceso a esa materia prima —el frío— lo que permitió a los turroneros jijonencos dar el salto al helado.

Porque el turrón es un producto de invierno. Las fábricas trabajan a pleno rendimiento entre octubre y enero, para la campaña navideña. El resto del año, los maestros turroneros necesitaban un oficio alternativo. Y tenían todo lo necesario para fabricar helado: sabían trabajar con azúcar, almendras, frutos secos y temperaturas. Conocían las emulsiones. Y tenían acceso a la nieve de la Carrasqueta.

Los primeros heladeros: de los carros de mula a las mantecadoras

La transición del turrón al helado no fue un momento puntual sino un proceso que arrancó a finales del siglo XIX. El cronista oficial de Xixona, Bernardo Garrigós Sirvent, ha documentado empresas turroneras jijonencas con fechas que van desde 1725 hasta 1899. Muchas de esas familias fueron las que, en la última década del siglo XIX y las primeras del XX, comenzaron a elaborar helados artesanales durante los meses de calor.

Un ejemplo documentado es el de Severino Mira, que a finales del siglo XIX partió de Xixona con destino a Málaga cargando turrón a lomos de burros. Aprovechando las enseñanzas de los heladeros jijonencos, empezó también a fabricar y vender helados, usando nieve traída en carros desde la Sierra de Ronda. Su bisnieto, Fernando Mira Monerris, nacido en Málaga en 1975, es hoy la cuarta generación de la familia al frente de la heladería. Cuatro generaciones, más de un siglo, y el mismo origen: Xixona.

El instrumento clave fue la mantecadora: un cilindro metálico con un sistema de paletas interiores que se hacía girar manualmente mientras el recipiente exterior se llenaba de hielo y sal. Dentro, la mezcla de leche, azúcar y frutos secos se batía y enfriaba simultáneamente hasta alcanzar la textura del helado. Los primeros heladeros jijonencos recorrían las ciudades españolas con estas mantecadoras montadas en carros, vendiendo mantecados —helados cremosos a base de manteca de vaca— y leche merengada en las calles.

La gran diáspora heladera: 2.000 familias, un pueblo

Lo que empezó como recurso de temporada se convirtió en el fenómeno migratorio más singular de la historia económica española. Cada primavera, cientos y después miles de familias jijonencas partían de Xixona con destino a las ciudades donde tenían sus heladerías. Cada otoño, al terminar la temporada de helado —normalmente en septiembre—, regresaban al pueblo para empezar la campaña del turrón.

Este ciclo se repitió durante generaciones. En el momento de mayor intensidad, hacia mediados del siglo XX, se calcula que unas 2.000 familias jijonencas mantenían negocios de heladería repartidos por toda la geografía española y buena parte de Europa. Son datos del propio Ayuntamiento de Xixona y de la ANHCEA. Para un municipio que nunca ha superado los 8.000 habitantes, el dato es difícil de asimilar.

Los destinos cubrían prácticamente toda España. Hay heladerías de origen jijonenco documentadas en Málaga, Valladolid, Bilbao, San Sebastián, Santander, Oviedo, Santiago de Compostela, Sevilla, Córdoba, Granada y decenas de ciudades más. Los apellidos delatan el origen: Mira, Sirvent, Llinares, Brotons, Sempere, Monerris, Galiana, Sanchis, Sala, Miquel. Pero la diáspora no se limitó a España.

Los turroneros jijonencos llegaron a montar 14 fábricas en América: seis en Argentina, seis en Cuba, una en Uruguay y una en Venezuela. En Europa, familias jijonencas establecieron heladerías y turronerías en Francia, Bélgica, Suiza y Alemania. El fenómeno no tiene equivalente conocido en ningún otro municipio europeo de tamaño comparable.

La Jijonenca, Antiu Xixona y las grandes marcas nacidas aquí

De la tradición heladera y turronera de Xixona han nacido algunas de las marcas más reconocidas del sector en España. En 1966, cuatro sagas familiares jijonencas —Sanchis Mira, A. Galiana (marca La Fama), A. Monerris y Sala Miquel— se unieron para crear lo que hoy conocemos como Antiu Xixona, un grupo que factura más de 129 millones de euros y que también produce turrón para la marca blanca de grandes distribuidores.

En 1968, otro grupo de heladeros y turroneros naturales de Xixona fundó La Jijonenca, una cooperativa que buscaba unir fuerzas para competir en un mercado cada vez más industrializado. La Jijonenca se convirtió en sinónimo de heladería artesanal en decenas de ciudades españolas. Hoy, el nombre «La Jijonenca» sigue apareciendo en rótulos de heladerías desde Andalucía hasta Galicia, en muchos casos operadas por descendientes de aquellas familias fundadoras.

También El Lobo y la marca 1880 tienen su sede y sus fábricas en Xixona. El Lobo mantiene abierto el Museu del Torró (Museo del Turrón), un espacio de tres plantas donde se exhiben utensilios, maquinaria y elementos de envasado que recorren la evolución del turrón desde las muelas de piedra artesanales hasta la producción industrial actual. La visita incluye un recorrido guiado por las pasarelas de la fábrica de El Lobo y 1880, donde se puede ver la producción de turrón en directo de junio a noviembre, de lunes a viernes por las mañanas. Se cierra con degustación y tienda de fábrica.

ANHCEA: la sede del helado artesanal español está en Xixona

La ANHCEA —Asociación Empresarial Nacional Española de Elaboradores Artesanos y Comerciantes de Helados y Horchatas— se constituyó en 1985 como asociación sin ánimo de lucro de ámbito nacional. Su sede está en Xixona. No en Madrid, no en Barcelona. En Xixona. Porque aquí es donde nació el oficio y aquí es donde sigue latiendo su corazón organizativo.

La figura clave en la fundación de la ANHCEA fue José Manuel Miquel García, que trabajó durante años para articular una asociación que diera voz colectiva a los miles de heladeros artesanos repartidos por España, la mayoría de origen jijonenco. Entre las actividades de la ANHCEA destacan la formación de nuevas generaciones de heladeros, la organización de la feria Intergelat (que durante años fue referencia del sector), el Campeonato de España de Helado Artesano y la celebración cada marzo del Día Europeo del Helado Artesanal (DEHA).

En marzo de 2026, la última edición del DEHA volvió a tener a Xixona como protagonista: el Ayuntamiento repartió helado artesanal en Alicante para reivindicar públicamente la tradición heladera del municipio y el valor de sus maestros heladeros como embajadores de Xixona por toda España.

El Castillo de la Torre Grossa

Xixona no es solo dulce. El Castillo de la Torre Grossa corona el cerro que domina el casco urbano y es uno de los monumentos más imponentes del interior alicantino. Fue construido por los almohades entre finales del siglo XII y principios del XIII. Tras la conquista cristiana, Jaume I recuperó el castillo y la villa en 1258. El rey Pedro II realizó reformas importantes en torno a 1338.

La fortificación tiene un doble recinto amurallado de unos 130 metros de longitud y 30-40 metros de anchura máxima, con una superficie aproximada de 5.200 metros cuadrados. La Torre Grossa, que da nombre al conjunto, mide 16 metros de altura y es la parte mejor conservada. Defendía el flanco norte de la fortaleza. El castillo fue en su tiempo una de las plazas más importantes de la frontera entre el Reino de Castilla y la Corona de Aragón.

Está declarado Bien de Interés Cultural (BIC). La subida se hace a pie desde el centro del pueblo por un sendero señalizado. Desde arriba, en días claros, se divisa la costa mediterránea.

Moros y Cristianos: más de 230 años de pólvora y tradición

Las fiestas de Moros y Cristianos de Xixona se celebran en honor a Sant Bartomeu y Sant Sebastià, patronos de la villa. La tradición tiene más de 230 años de historia documentada y está declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial y Bien Inmaterial de Relevancia Local.

Originalmente celebradas en enero, las fiestas se trasladaron al mes de agosto en 1905 para coincidir con la festividad de San Bartolomé. En la última edición, más de 1.800 personas participaron en la Entrada de Moros y Cristianos. Los actos más destacados incluyen el Alardo —la representación de la lucha entre moros y cristianos con arcabucería—, las embajadas y, el acto más singular y exclusivo de Xixona, el Juicio Sumarísimo del Moro Traidor, que se celebra el tercer día de la trilogía festiva a las 9:30 de la mañana en la puerta del Ayuntamiento. Este acto fue creado en la década de 1920 y no tiene equivalente en ninguna otra localidad.

Para iniciar los desfiles, los festers de l'any recitan las palabras que dan arranque a las tropas: «Per sant Bartomeu i sant Sebastià, que arranque l'entrà».

Xixona hoy

Xixona afronta el siglo XXI con los mismos retos que muchos municipios del interior español: pérdida de población (de 7.575 habitantes en 2008 a menos de 7.000 en los últimos años), dificultad para el relevo generacional y presión de la industria alimentaria low-cost. Pero conserva un activo que nadie más tiene: la legitimidad de origen.

El sello turístico del municipio lo dice sin rodeos: «El lugar más dulce del mundo». No es una exageración publicitaria. Es un pueblo donde se fabrican turrones, chocolates y helados bajo el mismo techo, donde la ANHCEA sigue formando nuevos heladeros, y donde cada marzo se reivindica en voz alta que el helado artesanal español nació aquí.

Para quien ama el helado artesanal, visitar Xixona es como visitar la Toscana si te gusta el vino o Parma si te gusta el queso. Es el lugar donde todo empezó. Y donde, pese a todo, sigue oliendo a almendra tostada cada mañana.

Preguntas frecuentes

¿Xixona y Jijona son el mismo sitio?

Sí. Xixona es el nombre oficial en valenciano y el que utiliza el Ayuntamiento. Jijona es la forma castellana, históricamente más usada fuera de la Comunidad Valenciana. El municipio pertenece a la comarca de l'Alacantí, en la provincia de Alicante.

¿Cuántas familias heladeras han salido de Xixona?

Según datos del Ayuntamiento de Xixona y de la ANHCEA, unas 2.000 familias jijonencas han mantenido o mantienen negocios de heladería artesanal repartidos por toda España y varios países europeos. Cada primavera, estas familias partían del pueblo hacia sus destinos para abrir la temporada de helado, y regresaban en otoño para la campaña del turrón.

¿Qué es la ANHCEA?

La ANHCEA (Asociación Empresarial Nacional Española de Elaboradores Artesanos y Comerciantes de Helados y Horchatas) es la principal organización del sector heladero artesanal en España. Fue constituida en 1985 con sede en Xixona. Organiza formación, el Campeonato de España de Helado Artesano y el Día Europeo del Helado Artesanal.

¿Cuándo visitar Xixona?

De octubre a noviembre para ver la producción del turrón en las fábricas (El Lobo/1880 ofrece visitas guiadas de lunes a viernes por las mañanas de junio a noviembre). En agosto para vivir los Moros y Cristianos de Sant Bartomeu. El Museu del Torró está abierto todo el año e incluye degustación.

¿Qué relación hay entre el turrón y el helado artesanal?

Los maestros turroneros de Xixona tenían los conocimientos técnicos para trabajar con azúcar, almendra, emulsiones y temperaturas. Cuando la campaña del turrón terminaba en enero, necesitaban un oficio para los meses de calor. El acceso a los pozos de nieve de la Sierra de la Carrasqueta les proporcionó el frío necesario. Así, los mismos artesanos que hacían turrón en invierno empezaron a fabricar helado en verano con las mantecadoras, creando el modelo económico único de Xixona.

¿Tu heladería tiene raíces en Xixona?

Si tu familia viene de Jijona o tu heladería continúa la tradición heladera jijonenca, regístrala en GelatoMaps. Tu ficha aparecerá en el mapa interactivo y podrás compartir tu historia con toda la comunidad.

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